Último día en Shanghai

Qué rápido pasa el tiempo cuando lo disfrutas. Se me ha hecho muy corta la estancia en Shanghai y una vez más me repito diciendo que me quedaría a vivir en esta ciudad; igual que dije en Londres, en Lisboa, en Berlín, en Nápoles, en Roma, en NY... En París, no, y en Moscú, menos todavía. 😅 Bueno, esto es para un debate de sobremesa.

El último día en Shanghai lo hemos pasado de aquí para allá de nuevo. He repasado la aplicación de wechat y veo 17 transacciones, entre viajes en metros y didis, compras y comidas. Locura total de  ciudad en domingo. Aunque la sensación es como si estuviéramos en el mundo del Gran Hermano (1984, George Orwell). No hemos parado de oír mensajes con voces de mujer por megafonía, en todas partes, en las calles y en el Metro. Había megáfonos portátiles escondidos tras las los setos y los semáforos de todo el centro de la ciudad, desde el Bund hasta People's Square. Al final, descubrimos que llamaban al orden y la calma debido a las aglomeraciones, las cuales no fueron para tanto, según vimos. ¿Sería por eso mismo?

Los hitos del día: 

Volvimos a la Concesión Francesa a contemplar el lujo del colonialismo del siglo XIX y a ver las mansiones de Sun Yat Sen y de Zhou  Enlai. Solo pudimos ver la segunda, pero en el barrio se respiraba todavía el espíritu de una revolución orquestada por los ricos de aquel entonces. Vaya lujo de mansiones en esta zona de la ciudad, que hoy sigue siendo un barrio muy exclusivo repleto de accesos privados y restaurantes con estrellas Michelin.

Después, decidimos volver a People's Park a ver el famoso mercado matrimonial. Pensábamos encontrar a cuatro abuelas y lo que vimos fue cientos de personas y miles de anuncios. Un Tinder a la antigua, que parece que funciona perfectamente.

Luego, volvimos a Nanjing Road, que es como tres veces la Gran Vía de Madrid y, además, peatonal.... Y ¡con semáforos para los viandantes en cada intersección! Por cierto, ya nos hemos enterado de que la mitad, o más, de los que van en moto son repartidores. 😅

Continuamos de compras en un mercado de imitaciones que se encuentra en una estación del Metro del Museo de Ciencias de Shanghai. Parecía un mercado árabe de lujo y subterráneo, un laberinto de pasillos totalmente iluminados y llenos de tiendas de todo tipo. En una zona, las tiendas eran a la vez sastrerías donde ofrecían ropa (sobre todo trajes de hombre) a medida y en menos de 24 horas. No eran una ni dos, sino decenas.


Terminamos el día volviendo al Bund por un túnel singular y cenando de nuevo opíparamente en un restaurante en la planta baja de un edificio enorme, que integraba un centro comercial. Nos lo habían recomendado y realmente acertaron, aunque nos sorprendió una vez más que nadie hablase inglés entre tanta juventud trabajando de camareros y camareras. 


Mañana nos vamos a Suzhou en tren de alta velocidad.  回头见,亲爱的

Entradas populares de este blog

Preparativos del viaje a China de Maite y Luis

Primeras reflexiones todavía en Madrid

Ya en suelo chino